domingo, 15 de enero de 2012

Con Pierna Pernil Por Favor...


Me da un combo personal, ah y con pierna pernil por favor. -Le cuesta dos mil pesos más- ..........

Con esta frase un ángel que en este caso llamaré Felipe se sentó a comer, pensando en el extenuante día que había tenido, donde vio desde las más sinceras sonrisas, hasta las lágrimas sacadas desde el lugar más profundo del alma de una persona. Reflexionó acerca de la vida, se dio cuenta que nunca le decimos a las personas que las queremos; solo lo hacemos, cuando vemos que están a punto de partir, en un estado crítico o en casos peores, cuando ya se han ido. Recordó el dolor de una hija, de sus dos hermanos y de una simple señora la cual no conocía pero le brindó consuelo desinteresado. En ocasiones creemos que somos de piedra, pero cuando uno ve el dolor, así no sea propio, nos puede llegar a conmover de tal manera que sin poderlo evitar, aparecerá un nudo en nuestra garganta. Pensó porqué la vida en ocasiones será tan injusta, cuando a su mente llegaron las imágenes de un joven de 15 años, que estando en la flor de la vida, estaba en un estado crítico, víctima de un tumor en el cerebro. Recordó a una señora, que tan solo 37 años de edad, tenía un aspecto de una mujer de 70 años, completamente dopada por los dolores que su enfermedad le causaba. Se sintió agradecido porque contaba con compañía, todo esto porque vio una muchacha en una camilla durante 2 días, a la cual nadie fue a visitar, a la cual, le dieron de alta y sencillamente tomó un taxi. Probablemente la muchacha vivía sola, probablemente no le quiso avisar a nadie que estaba ahí, sencillamente como llego, se fue, sola. Parece que nada en esta historia es agradable, pero sencillamente estando en una sala de urgencias en oncología, son muy pocas las cosas buenas que se pueden llegar a ver. Felipe continuó recordando su día, intentando encontrar algo bueno, algo de esperanza dentro de tanta tristeza y melancolía, pero de tanto pensar y recordar, a su mente llego la imagen de una mamá sentada en la sala de espera, hablando con un enfermero y simplemente escuchando como le decían que su hijo no tenía porque estar en urgencias, que sencillamente lo iban a tener en observación para descartar que la enfermedad que padeció cuando tuvo cinco años no regresó ahora que tiene dieciséis, que estaba sano pero que lo iban a monitorear un poco más. Tal vez no sea la noticia más bonita del mundo, pero en la cara de esa señora se notó un brillo en la mirada que sin necesidad de decir una palabra, alegró a los demás. Felipe acabó de comer su pollo e intentó dejar de pensar en tantas historias tristes, en tantas injusticias de la naturaleza o de dios o de lo que sea que este rigiendo el planeta. Felipe se marchó a su casa a descansar, mientras tanto yo escribo esto, tratando de ser un poco más parecido a Felipe, una persona desinteresada, que ayuda a las demás, que no le da pena hacer respetar derechos ni brindarle apoyo a las personas que lo necesiten, así las haya acabado de conocer, pensando que si las personas tuviéramos un poco mas de ese Felipe dentro de nosotros el mundo sería un poco mejor, pensando que hay que vivir la vida, haciéndole el bien a las personas, viviendo en armonía para que después nos podamos ir en paz o podamos ver partir en paz a los demás.